Látigo y flor, sangre es mi verbo,
y tragedia mi vida obscura,
vierto un errante encanto acerbo
o una hediondez de sepultura.
¡Placer de destruir creando!...
¡Tronchar un sol, parir un cerro,
e ir por la vida cultivando
un jardín con flores de hierro!
Está en las cosas más roñosas
mi corazón en agonía;
¡tiene una belleza espantosa
el alma de la porquería!
Quiero ser simultáneamente sombra y luz, raíz, hoja y fruto,
y condensar inmensamente
toda la vida en un minuto.
Mis pensamientos, ciertamente,
continúan mi anatomía:
si mi organismo es eficiente,
eficiente es mi ideología.
Viví hace site mil inviernos,
ya no me acuerdo en qué lugares;
tengo unos anchos gestos eternos
y unas costumbres bien vulgares.
Tienen ojos grandes y buenos
mis sensaciones más complejs;
he comido pan de centeno
y pastoreando albas ovejas.
La realidad colma estos cantos
universales y absolutos;
soy el más bruto de los santos,
soy el más santo de los brutos.
Si el agua es simple y el pan bueno,
mi corazón es pan y agua,
y porque es flor tiene veneno,
y escupe lava porque es fragua.
Mi sombra es la sombra del globo,
el universo está en mi ardiendo;
debí ser Dios, águila y lobo,
algo dulce, grande y tremendo.
Sangre de potro hay en mis venas,
cuajada de héroes en mi cráneo,
-cosas males y cosas buenas-,
y un gesto inmortal, momentáneo.
PABLO DE ROKHA, De el folletín del diablo, prólogo, extractos finamente seleccionados.
S.
lunes, 19 de enero de 2009
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